Las lecciones de la Historia de Will & Ariel Durant. Parte 1

Me he permitido traducir así el título The Lessons of History de los historiadores Will y Ariel Durant, pues no he encontrado una traducción al español de este ensayo. Pese a estar en inglés, recomiendo su lectura, pues usa un léxico muy sencillo de entender (¡casi no hay que tirar de diccionario!) además de ser una obra muy corta que se lee muy rápido. Este tipo de lectura entra dentro de mis aficiones por encontrar patrones de conducta en el comportamiento humano, y es que no hacemos más que repetir una y otra vez ciertos hábitos de manera totalmente inconsciente. Hasta ahora me había centrado en los sesgos cognitivos, pero hay ciertos patrones que también se repiten en diferentes ciclos de la historia. ¡Vamos allá!

Si la memoria no me falla, este libro lo saque de una conversación entre Samuel Gil y Jaime Rodríguez de Santiago, dos grandes comunicadores y emprendedores jóvenes del país, y brindo el haberles hecho caso, pues la considero una obra clave que se debería leer en los colegios, ya que dice mucho en muy poco. The Lessons of History pretende resumir qué ha aprendido la humanidad de sus últimos 5000 años de historia, y es que la historia no es más de una rueda que gira durante un periodo de tiempo y vuelve a su punto de partida una y otra vez, aunque a algunos se nos olvide. Hay ciertos patrones en el comportamiento occidental a lo largo de los años que trascienden a la tecnología y a la sociedad de la época, y para asombro de todos, son recurrentes, se daban tanto en la Grecia de Aristóteles como en la Francia de Napoleón o en la España actual. Es por ello que este comportamiento recurrente transciende la temporalidad de una civilización o época; y estos comportamientos los clasifican los Durant bajo 11 perspectivas: Astronomía, geología, geografía, biología, etnología , psicología, moralidad, religión, economía, política y guerra; y que, mediante ellas, la Historia puede explicar la naturaleza, conducta y ambiciones humanas.

La primera reflexión que se hace en el libro es que la Historia es un arte que tiene una parte de adivinar y otra de prejuicio, pues el conocimiento de cualquier evento pasado está siempre incompleto, impreciso y estará sesgado por el historiador que lo contó, por lo que no puede ser una ciencia. Pese a no ser una ciencia, tiene que conocer y trabajar con probabilidades, pues cualquier hecho irrefutable ayer, será puesto en duda hoy y desmentido mañana.

En tanto a la astronomía, lo que nos vienen a decir es que la Humanidad debe ser modesta y entender su insignificancia, un mandamiento muy estoico, pues en cualquier momento un meteorito o algún cambio de combustión solar puede hacer que nos vayamos al garete. Nuestra existencia está tan condicionada a los caprichos naturales, como la vida de una hormiga a la curiosidad de un niño. Aquí, los autores citan a Pascal, en una frase muy célebre:

Al universo no le costaría nada aplastar al hombre. Pero aún cuando el universo nos aplastase, seríamos más nobles que lo que nos mata, pues nosotros sabremos que nos estamos muriendo y de la ventaja que tiene el universo sobre nosotros, mientras que el universo no sabe nada

Además, se asegura que la Historia de la Humanidad está ligada a la geología y a la geografía. Las civilizaciones más antiguas, de las que hemos heredado tanto, fueron lo que han sido debido a asentarse en tierras fértiles para el cultivo o en posiciones de control estratégico sobre sus enemigos. Pero estas condiciones son reversibles. Lo que ayer era tierra, hoy es mar; lo que ayer era fértil, hoy es árido. Además, ciertos enclaves estratégicos de comercio, pese a que geológicamente no han cambiado, sí lo ha hecho su función. Por ejemplo, Francia e Inglaterra están perdiendo potencial de comercio en tanto a que el comercio marítimo, con las líneas de costa de estos países, ya no es tan importante como antaño. En el momento que la aviación sustituya al mar, tanto en el comercio como en la guerra, estaremos ante una nueva revolución en la Historia: El poder de la geografía disminuye en tanto la tecnología gana peso. Por tanto, el ingenio de los hombres (más bien de sus líderes) y el esfuerzo industrial de una sociedad, es lo que hacen la civilización.

La biología es clave en la Humanidad, pues somos el resultado de un proceso de competición biológico, y esto se puede generalizar a que la vida es una competición en sí. Competimos entre sociedades, pero también entre nosotros mismos dentro de una sociedad. Es cierto que también cooperamos entre nosotros (familia, comunidad, gremio, país, raza) pero lo hacemos para hacer a nuestro grupo más fuerte en la competición contra otros grupos. Somos codiciosos, bélicos, materialistas y sufrimos de estrés porque la naturaleza lo hizo así en nuestros genes, milenios de evolución donde había que acumular, correr y matar para sobrevivir. Lo mismo sucede a nivel individuo que a nivel grupo. La guerra no es más que una forma de un grupo (nación) de buscarse la forma de acumular y matar para poder tener víveres y sobrevivir, compitiendo sobre otros grupos.

Además de una competición, los autores sostienen que la vida es una selección biológica. En esta competición, unos ganan y otros pierden. Unos individuos están mejor equipados genéticamente que otros. Y esto es importante entenderlo para comprender que no todos nacemos iguales, la propia naturaleza nos hace desiguales por capricho, por herencia física y psíquica; pero además, la sociedad nos cambia por herencia cultural del grupo al que pertenezcamos. La desigualdad es necesaria en la naturaleza para la evolución, no existe la igualdad ni entre dos hermanos gemelos. Te recomiendo que le echas un vistazo a mi artículo sobre la fragilidad en la naturaleza de Nassim Taleb donde se ilustra que para que la naturaleza sea antifrágil tienen que existir individuos y especies frágiles. Aunque sea fácil decirlo, nadie quiere estar en el lado de la desigualdad para perpetuar a la especie.

Aunque nuestra mente quiera pensar en un mundo utópico donde la libertad y la igualdad van de la mano, esto es antinatural por definición. Si le permitimos a una sociedad ser libre completamente, la desigualdad se multiplicará. Prueba de ello es el laissez-faire del liberalismo económico estadounidense. Pero es que en el caso contrario, donde prima la igualdad, obliga a que se restrinjan las libertades de manera exponencial, como sucedió en la revolución rusa de 1917 o en cualquier otro comunismo. La aproximación quizás más equilibrada es la que puede derivar de ciertos socialismos modernos en los que, asumiendo la existencia de desigualdad, se ponen todos los esfuerzos en, al menos, tener las mismas oportunidades en la justicia y el acceso a la educación entre los diferentes grupos e individuos de la sociedad.

La última lección de la biología en esta lista es que la vida requiere de un alto grado de reproducción. Aunque muchos de nosotros, como entes racionales, podamos defender fervientemente que no se debe traer una criatura al mundo hasta que se le pueda garantizar una mínima calidad de vida, la naturaleza no entiende ni de individuos ni de calidades de vida, entiende de perpetuar especies o extiniguirlas para beneficiarse de ello en conjunto. Da igual que una alta tasa de natalidad venga acompañada de pobreza e incultura; la naturaleza exige cantidad y variedad para poder llevar a cabo su propósito de selección. Esto, aunque pueda parecer la palabra de algún predicador religioso, se ha puesto siempre de manifiesto en la Historia. El ojo crítico podría alegar que un exceso de natalidad puede afectar a ecosistemas y otras especies, pero los autores justifican que la propia naturaleza ha mantenido históricamente el orden cuando esto sucede mediante periódicas tasas de alta mortalidad debidas al hambre, las pandemias y la guerra. La multiplicación de consumidores también multiplica a los productores y al ingenio por la competición, y por ende, al progreso de la Humanidad. Cualquier cultura predominante hoy, que tenga una tasa de natalidad (y supervivencia) inferior a la de otras culturas, está condenada a dejar de ser dominante en los próximos años y perder su hegemonía.

Sobre la influencia de la raza y el carácter en la Humanidad no me voy a parar mucho, pues los Durant no nos relevan algo que no sepamos. La Historia y la Naturaleza es ciega al color de la piel. En condiciones favorables, cualquier raza puede desarrollar una civilización próspera. Lo cierto es que la cultura occidental, además de tener genes que prueban el mestizaje entre varias razas, ha heredado desarrollos políticos y culturales de distintas civilizaciones (Egipto, Asia Menor, cultura árabe, etc). Frente a la falsa creencia de algunas mentes retrógradas, según estos historiadores, la razón de que la raza negra no haya construído ninguna gran civilización en África es debido, probablemente, a las condiciones climáticas y geográficas, ¿alguna otra raza lo hubiese hecho mejor bajo esas condiciones?.

En cuanto al carácter, estamos predispuestos genéticamente a una serie de instintos para preservar al individuo, al grupo o a la especie, y estos instintos son iguales tanto para el rico como para el pobre, solo que cada uno puede llevarlos a cabo conforme a sus posibilidades. En general, puede hablarse de dos tipos de personalidades, las innovadoras y las imitadoras: hay una minoría que experimenta con una innovación y hay una gran masa que los imita, y esto da pie al progreso de la Humanidad. Esto puede llevarse desde las artes Renacentistas a los influencers de hoy en día. Sin embargo, hay que destacar que no hay persona en la faz de la Tierra capaz de entender en su corta vida toda la sabiduría que se ha acumulado en el laboratorio de la Historia en todos estos años. Por ello, es necesario, innovar en lo desconocido, pero no reinventar la rueda una y otra vez, pues nuestra existencia es limitada. Leer las obras clásicas, nos dan luz para entender en poco tiempo lo que muchos han estudiado, entendido y validado a lo largo del tiempo. En general, afirman los autores, es bueno para el progreso la aparición de nuevas ideas, pero siempre deben ser sometidas a la objección de los experimentados, pues se puede caer muy fácilmente en la inercia de la rueda de la Historia una y otra vez.

Dejo la parte de la moralidad, economía y política para una segunda parte, por no hacer esta entrada muy tediosa. De este ensayo, yo me quedo con que la Humanidad no aprende de las lecciones que nos ha ido dejando la Historia, comportamientos cíclicos que se repiten una y otra vez. No nos damos cuenta de que los auges de civilizaciones y mentalidades que hoy surgen, han sucedido ya muchas veces en el pasado, y sus consecuencias que se desencadenarán mañana, ya han ocurrido años atrás pero se nos han olvidado. Este libro no ha de tomarse como un credo, sino como una invitación a la reflexión de las anotaciones que estos historiadores, ganadores por cierto de un Pulitzer, nos hacen. Me gustaría haber entrado en los ejemplos específicos que los Durant cuentan para justificar sus afirmaciones, pero entonces no podría condensar tanta información en esta entrada; para ello os recomiendo que leáis el ensayo completo.

Las lecciones de la Historia de Will & Ariel Durant. Parte 2

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PhD in Parallel algorithms, Data distribution and GPUs. Researcher at Berkeley Lab, California

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