Los dos Sistemas mentales de Kahneman. El origen de los sesgos (y III)

Adrian PD
7 min readSep 15, 2020

Primera parte: Los dos Sistemas mentales de Kahneman. El origen de los sesgos (I)

Segunda parte: Los dos Sistemas mentales de Kahneman. El origen de los sesgos (II)

Nuestro comportamiento biológico está determinado por mecanismos neuronales que responden a la evolución.

Para rematar esta serie de artículos sobre el origen de los sesgos, y tras ver anteriormente las definiciones de Sistema 1 y Sistema 2, así como otros conceptos clave, vamos a estudiar la inclinación a la confirmación. En otras palabras, cómo nuestro perezoso Sistema 2 prefiere reducir problemas complejos a problemas simples parecidos, introduciendo lo que conocemos como heurísticas.

Si el lector ha leído los dos artículos anteriores, se habrá percatado en mi obsesión por repetir que la correlación no es causalidad. Inferimos causalidad tras observar repetidas veces correlaciones entre acontecimientos. La gente tiende a aplicar el pensamiento causal de manera inapropiada a situaciones que requieren de un razonamiento estadístico. El rápido e involuntario Sistema 1 genera un amplio espectro de ideas correladas (por el mecanismo del priming que hemos visto), pero no tiene capacidad para razonar estadísticamente. Sólo el Sistema 2 puede aprender a pensar estadísticamente, pero pocas personas reciben la capacitación necesaria. ¿Qué sucede entonces? Que esta asociatividad se inclina por confirmar la causalidad en una sucesión de eventos correlados, que no tienen por qué desencadenar realmente los unos en los otros. El psicólogo Daniel Gilbert afirma que la incertidumbre y la duda son dominios del Sistema 2 y para demostrarlo hace un experimento donde se citaban predicados, verdaderos y falsos, a la vez que se pedía retener un conjunto de dígitos en la memoria. Esta dualidad de tareas agota al perezoso Sistema 2 que da por ciertos muchos de los predicados falsos. El Sistema 1 es crédulo por naturaleza, mientras que el Sistema 2 se encarga de dudar… siempre y cuando no esté ocupado, evidenciándose que las personas son más susceptibles a ser manipuladas cuando están cansadas o agotadas. A diferencia del método científico que busca refutar una hipótesis, la mente asociativa busca datos que refuercen la hipótesis que manejamos. Este sesgo confirmatorio favorece la aceptación de sugerencias, así como la probabilidad de acontecimientos improbables. Véase el caso de la hipocondría.

Otro sesgo interesante es el que se conoce como el efecto halo, que es la tendencia a gustarnos — o disgustarnos — todo de una cosa. Se basa en reforzar mediante la asociatividad conceptos para fortalecer la idea inicial sobre una persona o idea. Por ejemplo, conocemos a alguien simpático y amable, que además se parece físicamente a nuestro mejor amigo. Si nuestro mejor amigo es muy inteligente, asociamos a este nuevo individuo también con la inteligencia y esto lo hace todavía más entrañable. Y aquí radica la importancia de las primeras impresiones. Para ello, Solomon Asch presentó a estas dos personas con la siguiente descripción en un estudio clásico de la psicología:

Alan: inteligente-diligente-impulsivo-crítico-testarudo-envidioso.

Ben: envidioso-testarudo-crítico-impulsivo-diligente-inteligente.

La gran mayoría de las personas dirá que prefiere conocer a Alan que a Ben. Los rasgos iniciales de la lista cambian el significado de los rasgos que vienen después. Kahneman cuenta como anécdota personal que tiende a calificar con un criterio más favorable a aquellos alumnos que han sacado mejor nota en los primeros exámenes, aunque luego pierdan puntuación; que a aquellos alumnos que comienzan flojo y luego remontan. Claramente el sistema nórdico de anonimizar el examen con un código, en vez de poner el nombre del estudiante, e incluso corregir de manera aleatoria el orden de las preguntas (o distribuída entre varios profesores), es un método menos propenso a caer en el efecto halo y ser más justo para el alumnado.

El rapero español Kase.O tiene una lírica que reza “mil pensamientos por segundo, esto no es vida”, lo que quizás no sabía Kase.O es que el Sistema 1 ha sido diseñado por la evolución para preguntarse contínuamente si todo lo que nos rodea está en orden o hay algún riesgo que valorar, bombardeando al cerebro con preguntas por segundo del tipo: ¿estoy a salvo aquí? ¿es esto una amenaza? ¿qué intenciones puede traer la persona que viene a lo lejos?. Relacionado con esto, y siguiendo las menciones a experimentos curiosos, Alex Todorov plantea que los rasgos que componen un rostro nos proporcionan datos para que nuestro mecanismo neurológico evolutivo decida si ese individuo es digno de confianza o si debemos salir corriendo: Se muestran rostros aleatorios y se pide a los voluntarios que evalúen el grado de competencia que les sugieren. Estos rostros eran, sin saberlo para los voluntarios, candidatos políticos que competían por cargos públicos. Lo asombroso es que el 70% de los que finalmente consiguieron el cargo habían obtenido una alta calificación en competencia. Estamos biológicamente preparados para rechazar al que no nos transmite una respuesta emocional positiva en lo que se conoce como heurística del juicio.

La heurística nace cuando no encontramos una respuesta satisfatoria a una pregunta compleja pero sí a una pregunta más fácil, aunque sea imperfecta. La pregunta heurística es la pregunta fácil que respondemos en su lugar. Nótese que tiene la misma raíz que eureka. El problema viene cuando estas reducciones no se hacen de manera consciente, induciendo a grandes errores. Un ejemplo de este mecanismo sería cuando buscamos una respuesta a la pregunta ¿Con cuánto contribuiría usted a salvar una especie en peligro?. En este caso, para no quebrarse la cabeza y no exigirle demasiado al Sistema 2, la mente proporciona una pregunta más fácil a la que responder que sobrepone a la pregunta original, como podría ser responder a ¿Cuánto me emociono cuando pienso en los delfines que mueren? Aunque el Sistema 2 pudiese rechazar la respuesta intuitiva a esta pregunta sencilla, recordemos que éste es perezoso y que sigue la ley del mínimo esfuerzo, generalmente aprobará esta respuesta sin pensarlo mucho… Y lo hará sin entender la complejidad de la pregunta original. Llevando el asunto a un tema candente estos días ¿qué sucede con una pregunta sobre qué piensa usted sobre la okupación? Es mucho más sencillo para nuestro cerebro en reducirla involuntariamente a algo más sencillo como ¿Quiero que me despojen de la casa donde vivo? o ¿Todo el mundo debe tener derecho a una vivienda? Son respuestas monosílabas que nos ahorran reflexionar sobre algo más profundo y nos posicionan inconscientemente, y dado que siempre buscamos argumentos que refuercen nuestras hipótesis (en vez de tratar de refutarla) nos veremos con un amplio abanico de motivos por los que estamos seguros de que nuestra posición es la acertada.

Veamos otro ejemplo:

Heurística 3-D ¿es la figura de la derecha más grande que la figura de la izquierda?

Aunque al lector pueda pensar que la figura de la derecha es más grande que la de la izquierda, son del mismo tamaño en realidad. Se debe a la heurística que reduce la complejidad del 3-D al 2-D, y que sobrepone las figuras con las trazas al punto de fuga. Nuestra mente simplifica el hecho a que un objeto del mismo tamaño pero situado más cercano al punto de fuga es siempre de mayor tamaño.

Relacionado con el experimento del efecto halo visto arriba, un experimento interesante que demuestra la simplificación mental se encuentra en responder a las dos preguntas siguientes:

¿Se siente muy feliz estos días? ¿Cuántas citas amorosas tuvo el mes pasado?

El estudio concluye que las personas que se sentían más felices no tenían por qué haber tenido más citas el mes anterior. Las citas no traen la felicidad. Sin embargo, cuando tenían que responder a las preguntas en orden inverso:

¿Cuántas citas amorosas tuvo el mes pasado?¿Se siente muy feliz estos días?

En este caso, sí existe una correlación en las respuestas a las dos preguntas. Los que habían sido afortunados en el amor tendían a decir que sí eran felices, mientras que los que no tenían esa suerte declaraban encontrarse menos felices. ¿Por qué? Es un ejemplo de sustitución heurística. Definir que una persona es feliz o no, es una pregunta compleja, pero cuando se pregunta por sus citas, esto trae a la mente rápidamente unas emociones donde no hace falta reflexionar mucho. Los individuos que responden a esta pregunta sustituyen la pregunta compleja por una pregunta más simple cuya respuesta ya tenían en mente.

Este artículo pone el punto y final a una serie de escritos sobre la mente humana, que invitan a reflexionar sobre el origen psicológico de nuestros comportamientos involuntarios para que el lector pueda identificar en su día a día algunos de los mecanismos aquí citados y que, una vez identificados, pueda entrenar, en la medida de lo posible, su perezoso Sistema 2 para que tenga mayor control voluntario y consciente de ellos. Aquí se han resumido los 10 primeros capítulos del libro de Kahneman que cito a continuación, pero los 25 restantes entran más en materia sobre sesgos y heurísticas, y si al lector le ha gustado lo que aquí ha descubierto sobre la mente, le recomiendo que se anime con el libro entero, es muy ameno y el viaje es interesante. En artículos posteriores destriparé a Nassim Taleb, quien está muy relacionado con Kahneman.

Fuente: Thinking, fast and slow. Daniel Kahneman. 2011.

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Adrian PD

PhD in Parallel algorithms, Data distribution and GPUs. Researcher at Berkeley Lab, California